Hace unos cuantos
años, cuando yo era una niña emocionada y asustada a partes iguales, salí de mi
pequeño pueblo para estudiar en la universidad. Desde muy niña siempre sentí
inclinación por lo artístico. Así que cuando llegó el momento, y gracias a que
mis padres me apoyaron y no se empeñaron en que estudiara otra cosa con más ‘salidas’,
comencé mis estudios de Bellas Artes.
Comencé la carrera
con mucha ilusión y con muchas ganas, sin embargo, eso no me libró de pasar por
alguna que otra crisis existencial. En muchas ocasiones me llegué a preguntar:
“¿qué diablos hago yo metida aquí?” y es que el elitismo con el que se
comportaban algunos profesores y alumnos hacía que sintiera que aquel no era mi
sitio, que me había equivocado totalmente de camino.
La actitud elitista
en torno a las manifestaciones culturales y artísticas es algo que siempre me
ha incomodado, y estoy convencida de que es una actitud equivocada que no
beneficia a nadie.
El arte ha existido
prácticamente desde que se tiene conciencia histórica de la existencia del ser
humano, y ha tenido múltiples funciones. Siempre ha estado y me atrevería a
decir que siempre estará ligado a nuestra naturaleza.